Desde Giza a Saqqara
El llamado Tarik El Marrioteya, situado casi al final de la avenida de las pirámides (Sharia Al Ahram) es la carretera que conduce durante 30 km hasta uno de los recintos arqueológicos más importantes del país, Saqqara.
El trayecto, presidido por el canal de El Marrioteya y adornado por infinidad de verdes palmeras, junto al corte del áspero desierto libio, ofrece la primera muestra del verdadero Egipto, junto a sus campos de cultivo, adornados por la conocida gamuza (búfalo), símbolo del Fellah, también conocido como campesino egipcio.
A pocos kilómetros la carretera muestra su primer desvío a la derecha, el cual conduce hasta la aldea de Abu Ghurab, donde destacan las ruinas de un templo levantado por los faraones de la V dinastía en honor al dios solar Ra.
Poco después el camino también ofrece la posibilidad de desviarse hasta el asentamiento de Abusir, donde lo más interesante son las ruinas de sus tres pirámides de la V dinastía. La más alta con 99 m, fue obra del faraón Neferirkare, a la que le sigue la pirámide de Niuserre, siendo lo más destacado el templo del valle, construido en el lado sudeste.
La única pirámide que está abierta al publico (algunas veces) es la de Sahure, con 36 m de altura y la más alejada de todo el conjunto.
También es interesante la mastaba de Ptahshepses, Visir del faraón Niuserre. En su interior destacan los capiteles lotiformes más antiguos encontrados hasta la fecha.
Continuando por la carretera principal y, a unos 3 km después de Abusir, se halla el desvío que conduce directamente hasta la necrópolis más importante del Imperio Antiguo.
Antes de subir hasta la cima hay que sacar los billetes de entrada para los lugares que se quieran visitar. (Es recomendable hacer todo este recorrido en coche, pues las distancias entre cada monumento son considerables).
La necrópolis de Saqqara y sobre todo el emplazamiento norte, alberga la mayoría de las tumbas y monumentos funerarios referentes a su vecina capital Menfis. No obstante, Saqqara es conocida a nivel mundial por la primera pirámide que se construyó en el país, la del faraón Zoser (2635-2615 a. de C.), más conocida como la Pirámide Escalonada. Fue obra del arquitecto Imhotep, quien le dio su forma de seis escalones tras varios proyectos. El primero consistió en edificar el monumento funerario que hasta aquella época había existido, es decir la mastaba. Posteriormente y no se sabe porqué se le añadieron por los lados una capa de caliza de Tura. Más tarde y tras otros dos cambios, se decidió orientar el monumento hacia el noroeste, construir un templo funerario y añadir los dos últimos escalones, dando como resultado uno de los monumentos más grandes del mundo construido en adobe.
La pirámide, que actualmente tiene unas medidas de 140 x 118 m y 60 m de altura, está cerrada al público. En su interior se halla la tumba del faraón, con todo su exterior rodeado por varios edificios; patios, templo funerario y otras tumbas pertenecientes a los familiares del faraón.
En el lado sur, al otro lado del gran patio están las escaleras que conducen hasta la parte suroccidental de Saqqara, donde se encuentra la pirámide del faraón Unas, último de la V dinastía. Su pirámide, que en su origen tuvo una altura de unos 43 m muestra una característica especial respecto a otras de la época; fue en sus paredes interiores donde se grabaron los primeros Textos en el interior de una pirámide, los cuales ayudaban al faraón a llegar hasta la vida de ultratumba.
La cámara del rey contiene un gran sarcófago de basalto.
Desde el extremo sur de la pirámide se puede llegar a los llamados Pozos persas; en cuyo interior de 25 m de profundidad (se puede bajar mediante una escalera de caracol) se hallaron tres tumbas (nada interesantes) destinadas a los nobles Psamético, Dakhenhebu y Pedeese.
Seguidamente y sobre el lado sur de los pozos se pueden ver los restos del Convento de San Jeremías, descubierto en 1907. Poco es lo que queda de él, pues los escasos iconos, capiteles y columnas que se encontraron, fueron trasladados al museo copto de El Cairo.
Sobre el noroeste de la pirámide de Unas y a continuación del convento se hallan varias mastabas, la mayoría pertenecientes a familiares del faraón Unas, así como a varios príncipes, princesas y otros soberanos de la VI dinastía. Destacan las mastabas de; Nebet, Unas-Ankh, Lynefert, Idut, Mehu, Nefer-Her-Ptah, Iru-Ka-Ptah, Horemheb y Maya. Estas dos últimas, además de ser las más interesantes, son las últimas que se han descubierto. Están un poco alejadas de las anteriores, en pleno desierto, por lo que se precisa al guarda para abrirlas.
De este lado del complejo de Saqqara se pasará hacia el lado norte, también conocido como Saqqara Norte.
Aquí, sobre la esquina nordeste de la pirámide de Zoser se levantan los restos de la pirámide del primer faraón de la V dinastía, Userkaf. La entrada es inaccesible debido al pésimo estado de conservación en que se encuentra su interior.
Un poco más al este de la anterior pirámide, destaca la también semidestruida pirámide del faraón Teti, fundador de la VI dinastía. En su interior (accesible) se aprecian varios escritos de los llamados Textos de las Pirámides. Si se regresa hasta su cara norte, es factible acceder a una de las mastabas más importantes de Saqqara; la Mastaba de Mereruka, descubierta por Morgan en 1893. Aunque está muy restaurada posee un gran valor arqueológico, ya que de los relieves de sus 32 salas, los arqueólogos han averiguado muchas más cosas sobre la vida cotidiana en el antiguo Egipto.
Junto a la anterior mastaba, destacan las de Ka-gemni Visir y Ministro de justicia en la VI dinastía, además de Ankhmahor conocido como el médico. Aunque las dos son interesantes, la segunda posee un mayor interés debido a sus relieves en los que se representan varias escenas de cirugía, junto a los aparatos quirúrgicos de la época.
La siguiente mastaba a visitar es la de Ptahotep y Akhuthotep, situada cerca del camino principal. Después de pasar la pirámide de Zoser, a unos 200 m a la izquierda sale el camino que lleva directamente hasta la mastaba.
Ptahotep fue inspector de las pirámides reales en la V dinastía, y no se sabe por qué la edificó para él y para su hijo Akhuthotep. Los relieves muestran en su mayor parte escenas de la vida cotidiana y en especial de la agricultura. Junto con la mastaba de Mereruka son las mejor conservadas de Saqqara.
Continuando en dirección noroeste y sobre el camino central se llega tras unos 300 m, al único puesto de refrescos de la zona. Frente a esto se halla la entrada subterránea al llamado Serapeum, descubierto por Auguste Mariette en noviembre de 1851.
El Serapeum fue el lugar elegido para enterrar los toros sagrados Apis, siempre consagrados al dios Ptah. Una vez embalsamados (al igual que una momia), se les enterraba en gigantescos sarcófagos de granito, calcita u otro material de unas 70 toneladas de peso (visibles en el interior). Está dividido en varias galerías (algunas carecen de iluminación) pertenecientes en su mayor parte a las dinastías XIX, XXVI y XXX.
Una vez visitado este espectacular laberinto, la siguiente visita será la mastaba de Ti, de quien no se conoce su identidad.
Se halla cerca del Serapeum, en dirección a las pirámides de Abusir, vistas al fondo en el interior del desierto. Los relieves más interesantes están en la llamada sala de las ofrendas, donde aparece el hijo de Ti, Demegi elaborando la cerveza y el pan.
Un poco al noroeste y en pleno desierto se encuentra el llamado Anubeion, descubierto en 1964. Lugar sagrado de Anubis, dios de la momificación y los muertos. Su interior contiene una galería de perros momificados (suele estar cerrado).
Cerca de este emplazamiento se halla el Bubasteion, consagrado a la diosa gata Bastet. Contiene miles de momias de gatos, pájaros y monos. (Al igual que el Anubeion, suele estar cerrado al público).
Retomando el camino de la mastaba de Ti y de regreso hacia el camino principal, se puede ver a la derecha y prácticamente cubierto por la arena, una especie de arco moderno. Se trata de lo que fue el Hemiciclo de los poetas, construido por Ptolomeo Sóter. Algunas de las estatuas que contiene representan a; Protágoras, Homero, Platón, etc...
Una vez visitado toda esta zona, el viajero no puede marchase sin ver lo que fue la capital de Menfis, cerca del emplazamiento de Saqqara.
Para llegar, retorne de nuevo a la carretera general de El Marrioteya. Antes de llegar al cruce y durante el descenso compare el contraste del verde de los palmerales con el seco y pálido desierto, verdaderamente impresionante.
Continúe en línea recta la carretera de El Marrioteya, hasta un desvío a la izquierda, que conduce al pueblo de Mit Rahina, cuna de la antigua capital de Menfis.
De todas las capitales que hubieron a lo largo de la historia egipcia, solamente Tebas pudo rivalizar con Menfis.
En ella levantaron las mejores residencias y templos los soberanos del país, pero hoy en día no queda nada de lo que fue la capital del Nomo I del Bajo Egipto.
Según parece, su fundador fue Narmer (I dinastía), consagrando la capital al dios Ptah, al que le edificó su templo Hat-Ra-Ptah.
Menfis empezó a desvanecerse como capital al principio del Período Intermedio, pero aguantó como una gran ciudad comercial hasta la llegada de los árabes, quienes la asolaron definitivamente.
El actual recinto de Menfis, es todo lo que queda de la antigua capital. Aquí se puede visitar un hermoso coloso de Ramsés II tumbado, descubierto en 1820 junto al que se halla en la plaza de Ramsis en El Cairo. El coloso, de 10,30 m de alto, está en el interior de una estructura moderna, rodeado de varias estatuas también pertenecientes a Ramsés II.
En el centro del patio, rodeada de otras estatuas, se levanta una hermosa esfinge de alabastro descubierta en 1912. No se sabe a ciencia cierta a quien representa, pero se cree que junto con otra esfinge gemela, era la guardiana del templo de Ptah.